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A mi hijo le cuesta estar con los demás

Los seres humanos somos seres sociales, es un hecho, pero ¿qué necesitamos para formar parte del mundo social? ¿Cómo nos incorporamos?

El punto de partida está en los niños. A día de hoy son muchos los padres que reciben mensajes del tipo, “tu hijo necesita entrenar en habilidades sociales”  pero la clave es, ¿a qué se refieren? ¿Qué es lo que necesita mi hijo? ¿Hay algo que está fallando? 

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Las habilidades sociales incluyen mucho más que la habilidad de comunicarse con otras personas, son destrezas necesarias para aprender a ser una persona auténtica teniendo en cuenta las características personales y cómo estas encajan en la sociedad. Se basa en aprender a convivir, iniciar, mantener y terminar una conversación, escuchar, decir no, expresar emociones, resolver conflictos que puedan surgir, crear y mantener relaciones sociales positivas con las personas que les rodean, familia, colegio y sociedad. El entrenamiento de todo ello permitirá al niño crecer y adaptarse más adelante en la vida.

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Todos los días los niños se enfrentan a infinidad de situaciones sociales, unos lo hacen con distancia y miedo, se les hace un mundo tener amigos… Otros lo viven con tanta energía que son incapaces de ver o escuchar al otro y acaban invadiendo su espacio, otros necesitan el apoyo del adulto para controlar la vergüenza y poder hablar o simplemente usan la fuerza y la imposición para acercarse a los demás. Todas estas conductas acaban afectando emocionalmente a los niños y muchos lo viven con tensión, enfado, confusión y tristeza, haciendo que surjan conflictos en el colegio, en el entorno familiar o con los amigos.

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Hay veces que la dificultad está en la interpretación de la señal social, otras en un bloqueo emocional que no le permite expresar qué necesita y otras, en las reacciones excesivamente impulsivas. En estos casos las habilidades sociales en el niño son limitadas, trabajar y guiarles en su entrenamiento podría ayudarles a enfrentarse mejor al entorno.

¿Y cómo se hace?

Desde casa se puede empezar. Es un entorno seguro para el niño, se siente querido y protegido. Los padres hacéis de modelo y aquí inevitablemente se os pide de nuevo responsabilidad. Una forma de ayudarles es hablando de las situaciones que pueden llegar a ser difíciles para ellos, poniendo nombre a lo que ha pasado, como se han sentido, que han hecho y darles una alternativa de solución. 

Hay que crear un tren, hablamos de:

1. Lo que pasa

2. Lo que piensa

3. Cómo se siente

4. Lo que hace

 5. El resultado.

Haciendo este guion lo que se pretende es crear una secuencia, ayudar al niño a que identifique qué ha pasado y aportarle nuevos recursos, qué otra alternativa podría haber elegido.

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Por ejemplo, vuestro hijo llega del cole enfadado porque el profesor le ha regañado por empujar a un niño en la fila. Si seguimos el guion la intervención seria, 

1. ¿Qué ha pasado? Estabas en la fila para volver a clase y Jorge quería pasar antes que tú. 2. ¿Qué has pensado? Que Jorge quería molestarte 3. ¿cómo te has sentido? No te ha gustado y te has enfadado mucho, tanto que… 4. ¿qué has hecho? Empujarle y se ha hecho mucho daño 5. ¿Resultado? Jorge se ha hecho mucho daño, el profesor te ha regañado, te has enfadado aún más, has contestado mal y encima te han castigado subiendo el último a clase. 

Y la clave ahora, ¿qué plan se te ocurre que podrías haber hecho? Aquí va a necesitar vuestra ayuda, os animo a proponerle alternativas “se me ocurre….” “Tal vez… ” ” y si… Se lo dices con palabras; Jorge no te cueles, me estás molestando. En estos casos es importante ayudarle a que empatice con el otro, tanto con el profesor como con el niño. ¿Cómo crees que se ha sentido Jorge? ¿El profesor ha entendido con el empujón que necesitabas? 

Poned nombre a lo que sucede, que notáis que le cuesta hacer, cómo se puede sentir y qué puede hacer para conseguirlo es fundamental para que vuestro hijo adquiera más recursos y se enfrente de forma más adecuada a sus dificultades a nivel social.

Los padres, además de modelos, sois sus guías y cualquier situación cotidiana os va a permitir entrenarlo.  Si vuestro hijo es vergonzoso, permanece callado y se comunica con los demás a través de vosotros, podéis ayudarle con cosas básicas, desde que os acompañe a comprar el periódico y adelantarle que pasos vais a hacer: entramos en la tienda tranquilos, saludamos, miramos a los ojos, pedimos el periódico que queremos, pagamos, damos las gracias y nos despedimos. Estas pautas le dan seguridad, le animáis a que guarde un ratito la vergüenza en el bolsillo, le estáis dando trucos sobre que puede hacer y la importancia que tiene dar cada paso. Todo pequeño avance siempre siempre hay que reforzarlo, ¡para ellos es un gran reto!

Otro asunto que se complica conforme van creciendo es el de hacer amigos. Aquí es importante en primer lugar ayudar a que el niño conozca sus gustos, intereses y averigüe que cosas buenas puede compartir con los demás. De nuevo podéis guiarle en cómo acercarse a los demás, en buscar a niños que puedan compartir sus mismos intereses, como proponerles un juego, tal vez si lleva el balón de fútbol o una comba al colegio le puede ayudar un poco, llevar un juguete que le de seguridad… En los recreos el que lleva el juguete tiene más poder y los demás tienden a acercarse, es un facilitador. 

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Hay ocasiones que tanto en el colegio como en casa el trabajo no es suficiente y se necesita ayuda profesional.  En estos casos los grupos de habilidades sociales pueden ayudar a los niños a aprender y practicar estrategias para su día a día. En el grupo se exponen y comparten situaciones reales a través de dinámicas que ayudan al niño a identificar sus necesidades, deseos y nuevos planes de acción. Entre todos se crea un ambiente seguro y de confianza, todos comparten un mismo sentimiento, “a veces es difícil…….” “me cuesta…”, se sienten respaldados por los demás y junto a todos se valorará que “trucos” pueden poner en marcha para vivir situaciones sociales mejor y con más tranquilidad.

Relacionarse con los demás tiene que ir de la mano con disfrutar y no con disgusto. Desde Crecer con Emoción nos implicamos en este tipo de intervención favoreciendo las necesidades de cada niño y fortaleciendo la coordinación del grupo como motor para acercarse al éxito en las relaciones sociales.

 

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