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El poder del pensamiento

Hoy en día nuestra vida va a mil por hora, corremos de un lado para otro de manera automática sin pararnos a pensar en qué dirección tengo que tomar o qué autobús tengo que coger para llegar a tal destino… ya nos lo sabemos, en nuestro maravilloso cerebro tenemos millones de notas y apuntes que en una milésima de segundo nos despejan el camino y dirigen nuestros pasos.

Esto ocurre con multitud de situaciones a nuestro alrededor. Nuestras rutinas al despertarnos, ir al trabajo, el café de media mañana… Pues bien, también ocurre en nuestra forma de comunicarnos con nosotros mismos y con los demás.

¿Cómo es esto?, tenemos ya 20, 30, 40, 50… años y toda un retaíla de experiencias detrás de nosotros. Cada una de esas experiencias ha ido gestando y moldeando una parcela en nuestra cabecita con la etiqueta: “experiencias” lo cual nos lleva a crear otras dos subcarpetas: “objetividad- situación real” y “subjetividad – situación emocional”.

En numerosas ocasiones actuamos de una forma en la que luego nos decimos, “¿qué he hecho?”, “no tendría que haber dicho eso”… el arrepentimiento inmediato está a la orden del día, y aún así esa misma situación la repetiremos una y otra vez sin ser conscientes muchas veces de ello… Llevamos a nuestras espaldas un bagage de experiencias, emociones, personas que de una u otra manera nos han influido en nuestra persona, que pese a que sea una mochila invisible es una mochila con una gran capacidad para registrar todo aquello que hemos llegado a ser hoy, la pregunta es, ¿quiero yo que esa mochila se libere, estoy contento con mi mochila, quiero utilizar mi mochila para vivir realmente mi vida?… Estas y muchas otras preguntas se nos pasan por la cabeza en determinados momentos de nuestra vida donde no nos sentimos del todo convencidos con nuestra forma de vida, nuestro día a día, nuestro alrededor, nos miramos al espejo y no terminamos de estar convencidos con lo que vemos, echamos en falta la sonrisa que nos caracteriza, notando como si algo nos tirase y no pudiésemos mostrársela ni al mundo ni a nosotros mismos. Día a día cegados por la rutina hasta que de repente un día ya sea por que algún familiar o amigo te han reflejado que si estás bien, por ti mismo que una mañana de domingo decides hacer un STOP y dar un paso hacia aquello que tú deseas, hacía ti mismo, o ya sea simplemente porque leas este artículo… todas las opciones son buenas, todas aquellas acciones que te hagan replantearte aquellos deseos y necesidades que te ayuden a sentirte en sintonía con tu ser, que hagan que te levantes, vayas al trabajo y disfrutes de ese café de media mañana, y que cuando te mires al espejo te veas a ti, un fiel reflejo de lo que tú quieres para ti.

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Poco a poco esa mochila irá compartimentando aquellas experiencias que vivas y todos esos sentimientos que ni comprendías tendrán sentido, un sentido para ti que te ayudarán a continuar llevando la gran mochila con aire desenfadado y espalda erguida.

Parar, hacernos conscientes, observarnos, comprendernos, conocernos, querernos y vivir, simplemente… vivir.

Y aunque pienses que ya llevas toda una vida viviendo así, que es muy difícil cambiar, que para qué comenzar ahora si total ya estoy acostumbrado, que no merece la pena… os dejaré simplemente un refrán: “Nunca es tarde si la dicha es buena”.

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